CLUB DE LAS ABUELAS

El Club de las abuelas es un proyecto de documentación que nace de la urgencia de reconocer y preservar la memoria de las mujeres mayores como portadoras de historias, saberes y gestos cotidianos que moldean a las generaciones que les siguen. En un mundo dominado por la inmediatez y la juventud, se propone detener el tiempo para contemplar la fuerza silenciosa de las abuelas, su presencia en la intimidad familiar y su rol como guardianas de tradiciones, afectos y contradicciones.


El proyecto no busca idealizarlas ni reducirlas a estereotipos de ternura o sacrificio, sino retratarlas en su complejidad. La fotografía se convierte en un medio para abrir un espacio de diálogo intergeneracional, donde la imagen captura tanto la fragilidad como la resistencia de esta etapa de la vida.


La idea del club remite a pertenencia, identidad y colectividad. Al reunir estos retratos bajo un mismo nombre, se celebra la diversidad de experiencias y se reconoce en cada abuela un archivo vivo de la historia social y cultural. En este sentido, el Club de las abuelas no solo constituye una serie fotográfica, sino también la base de un archivo más amplio que permita, en el futuro, un análisis antropológico de las prácticas, imaginarios y formas de vida de estas mujeres.


Proyecto conjunto con análisis antropológico de Alexandra Golcher y fotografía de Roberto Anaya.



ALTAR DEL CIELO

Altar del cielo como Última Cena desde una perspectiva centroamericana contemporánea, sitúa a vendedores del Mercado Central de San Salvador como protagonistas. Al desplazar la escena sacra al espacio cotidiano del comercio informal, se resignifican las nociones de sacrificio, comunidad, mesías, traición y resistencia. La elección del mercado como escenario subraya la centralidad de estos actores en la vida urbana y económica del país, revelando nuevas formas de espiritualidad popular. Así, se establece un diálogo entre lo sagrado y lo marginal, lo histórico y lo presente.


En el corazón del mercado, la comunidad se teje en la solidaridad cotidiana, el intercambio constante y una convivencia que desborda lo meramente económico. Este tejido, denso y palpitante, convoca una dimensión sacra donde lo colectivo se transforma en ritual. La mesa compartida en la imagen remite no sólo a la cena bíblica, sino también al acto diario de sostenerse mutuamente frente a la precariedad. Como aquellos discípulos reunidos antes de la traición y la persecución, estos cuerpos se congregan en un gesto de resistencia frente a un sistema que los margina y amenaza. 


Resulta irónico —y profundamente revelador— que en una sociedad que se proclama cristiana, sea impensable imaginar a Cristo en medio del pueblo, en el mercado, comiendo y bebiendo con vendedores ambulantes, habitando los barrios populares. Y más aún, que muchos están dispuestos, cual fariseos, a traicionarlo cada día.


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La obra Altar del cielo recibió una mención honorífica por el jurado curador del certamen SUMARTE 2025 del Museo de Arte de El Salvador.